Ese fue un momento de iluminación, supo que prepararía chicha y la vendería a sus vecinos. Hablo con su hija, estudiante de cocina, y comentaron la receta. Sentadas en la mesa de la cocina, que es el lugar para hablar de recetas, se rieron, se ilusionaron y volvieron a repasar los modos de preparación.
A los pocos días compraron el maíz, prepararon la chicha, la consentían y, en voz baja, le decía ternuras y poco a poco dieron con el punto que querían. De manera tímida colocaron una mesa con la chicha en la puerta de su casa y los vecinos empezaron a comprarles un vaso y otro y otro...
La mamá de Luz Camila en silencio mira el maíz, las ollas, la panela a su hija y su nieta correr de un a lado a otro y vuelve a ver la casa de Anolaima con los aromas de las frutas. Vuelve a sentir el rito del maíz.
Créditos: Alcadía La Candelaria